viernes, 25 de octubre de 2013

Memorándum, de Jaime F. Pérez Uscanga




Intrigas palaciegas…

 Hace 12 años, cuando arrancó la administración de Fernando Pedraza (PAN), los regidores de ese cabildo se marearon y quisieron asumir tareas que solo les corresponden a los directores, coordinadores y jefes de las distintas áreas de la administración municipal. Es decir, asumieron como propias tareas del ejecutivo, y así estuvieron por varios meses, hasta que el alcalde, arrinconado y cansado de las exigencias y caprichos de los ediles, los puso en su lugar.


Tres años después, con Héctor López González, un grupo de regidores intentó asumir un papel que, por cierto, incomodó mucho al alcalde, ya que le propusieron y hasta intentaron presionar para que desapareciera del presupuesto de egresos del municipio la partida destinada al pago de los servicios de prensa y publicidad, intentona que, por supuesto, no prosperó.

Otros tres años después, esa misma intentona surgió desde algún rincón del cabildo presidido por Humberto Flores Dewey, a quien también le pidieron que desapareciera del presupuesto la partida destinada a la prensa. La iniciativa, por supuesto, tampoco prosperó.

Y ahora, a menos de un mes de transcurrido el trienio que encabeza Pablo Alberto González León, un grupúsculo de regidores anda empeñado en dictarle la tarea al mismísimo alcalde en materias en las que no tienen nada qué hacer, como es el caso de la selección y contratación de los funcionarios de confianza.

Sin más fundamentos que dimes y diretes (chismes, pues) nacidos de antipatías personales o de conflictos de intereses particulares, esos regidores se han dado a la tarea de descalificar el trabajo que vienen realizando dos o tres destacados funcionarios de confianza que, para colmo, en los escasos veintitantos días que han transcurrido desde que inició la actual administración, son los que más se han distinguido por su buen actuar en las tareas que les fueron asignadas, debido a que cuentan no solo con el perfil idóneo, sino con la suficiente experiencia y disposición para el buen desempeño de sus respectivas funciones.

Zapatero a tus zapatos. La selección, contratación y, en su caso, cambio o despido del personal de confianza, es una atribución exclusiva del ejecutivo, es decir, del Presidente del Ayuntamiento. Los únicos casos en que los integrantes del cabildo, por votación, no por presiones ni chismes, pueden influir directamente en los nombramientos de funcionarios, son en los del Secretario, el Tesorero, el Contralor y el Director de Obras Públicas. Todos los demás cargos los da y los quita el Presidente. Nadie más.  Y si el presidente acierta, para él será el reconocimiento de la ciudadanía; y si se equivoca, suya será la responsabilidad que deba asumir.

Nada mal les caería a los regidores, leer el Código Municipal del Estado de Tamaulipas para que se den al menos una idea de cuáles son sus atribuciones y responsabilidades. O si de plano creen tener la razón de sus reclamos, que los expongan y argumenten públicamente en la siguiente sesión de cabildo.

La ciudadanía los eligió para que le sirvan al municipio, no para que anden por ahí haciendo grilla y buscando satisfacer apetitos e intereses seguramente inconfesables e insostenibles.


*Jaime F. Pérez Uscanga



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