miércoles, 16 de marzo de 2016

Memorándum...


#TodosPodríamosSerPablo…



Desde hace un par de días, en algunas de las principales plataformas de comunicación de la Internet (Facebook, Twitter y sitios web de noticias), circula una nota (que en rigor, son varias notas fundadas en un mismo texto que se difundió originalmente en una columna política), que, en esencia, señala al alcalde mantense, Pablo Alberto González León, como culpable de un desfalco o de la desviación ilegal de recursos públicos federales incluidos en una partida del presupuesto municipal.

Ante ello, como mantense, directa y/o indirectamente afectado por lo que ahí se asegura; como consecuencia obligada del ejercicio periodístico en el que me desenvuelvo como parte de mi quehacer profesional; y como amigo personal de Pablo, me obligué, ante todo, a verificar la veracidad de la información difundida que da pie a conclusiones apresuradas; y tras ello, a someter a un análisis a esas notas que, como fuego en reguero de pólvora, se multiplicaron en las redes sociales, y finalmente determinar si se trataba en rigor de un ejercicio periodístico fundado en información cierta; o si se trataba de una nota fabricada con información descontextualizada o falsa, y difundida con el fin único de difamar. De lo que resultara de lo anterior, yo habría de fundar mi comentario.

En la primera parte del ejercicio al que me obligué, puedo asegurar que la información difundida fue manipulada de manera tal que se creó un escenario inexistente. Es decir, utilizando un lenguaje creíble y citando cifras y datos descontextualizados y con ellos se fabricó una mentira, pues la cuenta pública correspondiente al ejercicio municipal 2014-2015, fue aprobada sin observaciones ni recomendaciones o señalamientos por parte de las autoridades de fiscalización; y la cuenta correspondiente al ejercicio 2015-2016, está apenas en etapa de revisión por esa misma autoridad. Así, partiendo de esa simple observación, pude concluir que la información difundida es falsa ya que no existe en la cuenta 2014-2015, y la correspondiente al ejercicio 2015-2016 aún no está disponible pues apenas se está terminando su revisión en la Auditoría Superior del Congreso del Estado.

A partir de ello, y fundado en un análisis simple del lenguaje con el que se construyó la nota original, así como las conclusiones subjetivas y no fundadas con las que se presenta la información, no me deja ni la menor duda de que se trata de una difamación, o sea, se trata de un asunto sumamente grave que crea un efecto devastador en el ofendido, y daña seriamente a su persona, lesiona su prestigio y lastima la sensibilidad de su entorno familiar, social y profesional; y por tratarse de un gobernante en funciones, agrede y causa perjuicio a toda la comunidad y a las instituciones.

Se trata, pues, de un hecho grave, de una acción sumamente agresiva que nadie debería pasar por alto, pues no se trata de un asunto que deba o pueda justificarse como parte de las denuncias que suelen dirimirse en el contexto de una campaña electoral. No.

Se trata de una ofensa que nos lastima a todos, porque ante condiciones circunstanciales, todos, cualquiera de nosotros podemos ser Pablo. Todos, tú, yo, cualquiera, podemos convertirnos en víctimas de una difamación armada en torno a cualquier tema.

Yo conozco a Pablo. Sin meter las manos al fuego por él, puedo asegurar que él no es la persona ni el servidor público, ni el político inmoral que se pretende dibujar en la serie de notas difundidas, unas con todo el malsano interés de dañarlo, y otras por descuido profesional de los periodistas que la replicaron.

La acusación directa que se hace en su contra en las citadas notas, no sólo es falsa, sino que las conclusiones obvias a que conducen, no corresponden a la realidad, pues si en algo se ha esmerado durante su gestión como alcalde, es en cuidar no sólo la salud financiera del municipio, sino la legalidad y transparencia del manejo de los recursos públicos –municipales, estatales y federales- depositados bajo su responsabilidad.

Justo ahí, en el renglón en el que se le acusa de haber cometido desvío de recursos, el denominado Ramo 023 y en el Fondo de Infraestructura Social Municipal (Fismun), ahora mismo se ejercen obras por poco más de 15 millones de pesos; anualizado, el presupuesto en ejercicio es tres veces superior al que se destinó al municipio al inicio de su gestión.

No pretendo, ni por asomo, erigir monumentos para Pablo, ni componer y cantar loas en honor de su honradez. Él, por sí, supongo que debe tener la estatura suficiente para hablar de sí mismo, amén que es un gobernante en funciones y el pueblo tiene a la mano, la información y la percepción más precisa de su desempeño.

Lo que sí hago es rechazar, con toda la energía posible, la práctica de la difamación a la que se le está sometiendo. No se vale, si hubiera algo fundado que se le pueda reprochar o algo ilegal o incluso inmoral de lo que se le pueda acusar, adelante. Pero difamar es lastimar, es agredir, es ultrajar, es mentir dolosamente y ante eso, todos; propios y extraños, simpatizantes o no, afines a su filiación política o contrarios a ella, contendientes o aliados en las lides electorales, todos, por decencia, deberíamos públicamente rechazar.

--

No hay comentarios:

Publicar un comentario